Un estudio sobre el área de Tor Vergata y zonas adyacentes empezado en 1985, dirigido por la profesora Andreina Ricci, del departamento de historia de la Universidad de Tor Vergata, analizó, entre otras cosas, el territorio desde la edad arcaica hasta el siglo XIX, dando un nuevo cuadro de lo que tenía que ser la zona en edad tardo antigua y alta medieval. De las investigaciones, se pone de manifiesto, contrariamente a lo que se suponía hasta ahora, la hipótesis de una fuerte densidad habitativa en el territorio, basada en pequeñas factorías y numerosas actividades productivas,.como la revalorización de los metales o la fabricación de vajillas de uso común.
El campo romano descrito por los artistas del ochocientos como un paisaje desierto rodeado por numerosas ruinas, en realidad era activo y estaba en constante ebullición , y quizás, más que en otras épocas, estaba muy relacionado, desde el punto de vista de los servicios, con la ciudad de Roma.
En la desintegración de las instituciones, la estructura eclesiástica que estaba dirigida por el obispo de Roma y se articulaba a través de los obispos de las otras sedes , representó el único elemento de estabilidad en un territorio en el que el obispo, por su prestigio moral, era la máxima autoridad y al mismo tiempo era también el mayor terrateniente. Gracias a la donación del emperador Constantino, la iglesia poseía grandes latifundios imperiales. Sobre tales premisas, y sobre la base del ordenamiento de las diócesis, pudo iniciar el lento proceso de reconversión de los campos, promovidos por el papa Gregorio Magno (590-604) y sostenido por sus sucesores. Las iglesias de nueva fundación y los conventos se convirtieron en el punto de agregación de colonias agrícolas que se formaban espontáneamente en lugares donde la supervivencia de grandes restos de edificios antiguos garantizaba la posibilidad de protección y de reservas de agua .